Barrey

Los trovadores de la región narran la historia de sus héroes. (Historias escritas por los jugadores)

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Armalak
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Barrey

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LA FORJA DE UN PALADIN

Mi padre era un noble que gano las tierras que poseía luchando en arduas batallas, de las cuales no siempre salió bien parado, pero si con vida. Era duro, muy rudo y arrogante, versado en el arte de la guerra y el manejo de la espada y difícil de tratar. Pero un día, conoció a mi madre, una dulce cortesana que le robo el corazón, esbelta, cariñosa y muy callada, cuando estaban juntos decían las gentes de su alrededor que sus mundos chocaban y formaban uno solo totalmente distinto, la cortesana reía sin parar y el duro caballero se volvía un romántico empedernido. Se casaron por amor con el permiso del monarca de la época y fueron a vivir a un castillo propiedad de mi padre ganado a sangre y fuego.
Mi infancia duro hasta los cinco años en el castillo, no me faltaba de nada y mi padre me dedicaba todo el tiempo que necesitara para ir inculcándome las obligaciones de un futuro caballero sin perder de vista que era todavía un niño, aprendizaje a través del juego, hasta aquel fatídico día.
Una vez al mes, mi padre como noble con tierras atendía las peticiones de sus aldeanos, que pedían ayuda para sus problemas, consejo o justicia. Mi padre era parco en palabras con ellos pues eran plebe y no podía dedicarles tanto tiempo, pero aplicaba las leyes con sabiduría y les escuchaba palabra por palabra, mientras me miraba de reojo para ver q yo, a su vez, también lo imitaba, ceño fruncido, mirada fija, atento y la mano en la barbilla, casi como esperando que respondiese yo, mientras a su lado mi madre también sentada en una butaca lo observaba con orgullo. Llego el turno de un viejo encapuchado, ropas harapientas negras, manchadas por el polvo del camino, y con algunos rotos, apenas su rostro sobresalía de la capucha, dejando al descubierto una boca arrugada y una nariz aguileña, no sostenía bastón alguno por lo que sus manos aguardaban debajo de sus oscuros ropajes. Con voz potente y estruendosa, autoritaria, no digna de un viejo de su edad, le indico a mi padre q dejase de perseguir y matar a los seguidores de la magia oscura o tendría consecuencias nefastas. Aquellas palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre mi padre y le molestaron en demasía, se levantó de su sillón de un salto, y asiendo el mango de su espada larga que tanta sangre de enemigos había bebido le conmigo a retractarse de aquellas palabras de inmediato y dar gracias de salir de aquella sala con vida por esta vez, ese fue su primer error. Ordeno a los guardias de la sala que echasen a patadas a aquel individuo del castillo de inmediato y le dio la espalda, su último error, su rostro estaba serio, mi madre lo miro asustada pero manteniendo la calma. La guardia compuesta por una docena de recios hombres apenas pudo dar un par de pasos para detenerse en seco sin poder mover ni un músculo, mire al viejo y tenía la mano levantada, decrepita, débil, dibujando símbolos en el aire y con la otra sosteniendo un amuleto que brillaba con una luz roja.
En aquel momento mi vida cambio por completo. Mi padre, con su rostro castigado por las cicatrices, escondidas bajo una espesa barba, puso los ojos en blanco y apretando los dientes con una mueca de dolor y esfuerzo desenvaino su fiel espada, despacio y pesadamente, se dirigió a mi madre, la cual estaba a unas semanas de dar a luz a lo que los sabios entendidos del lugar habían llamado una fuerte y hermosa niña, abalanzándose sobre su propia mujer y atravesando el vientre q albergaba a mi hermana no nata, acabo de una estocada con las dos féminas. Luego puso su mirada pérfida y maliciosa sobre mí y levanto su espada con intención de partirme en dos de un golpe. Yo estaba paralizado y mire de repente al viejo y grite con todas las fuerzas que los dioses me habían concedido con un sonido atronador que lleno la sala, algo paso, pues la sonrisa del viejo cambio a duda y el amuleto dejo de brillar, los ojos marrones de mi padre volvieron a aparecer en las cuencas solo para ver como su espada manchada con la sangre de su esposa e hija no nacida caía al suelo, es la única vez que vi llorar a mi padre, amargamente, roto por el dolor y la culpa, sostenia el cuerpo sin vida de mi madre.
Con un rápido movimiento de sus harapos y dejando tras de si una horrible carcajada, aquel sujeto desapareció en una nube de humo negro, y los guardias volvían a moverse de nuevo para contemplar la dramática escena.
Pasada una semana de los acontecimientos, después del funeral de mi madre y hermana, arisco y distante, en soledad, tomo una decisión, transmitió todos sus bienes a los sacerdotes del templo de Torm, a cambio yo recibiría educación e instrucción para servir a Torm como un sacerdote más en una abadía de la orden, vistió las ropas de cruzado e hizo los juramentos pertinentes para marchar a la guerra para expiar su culpa y pedir su perdón o morir en el intento. Subido a su caballo, me miró antes de ponerse su yelmo y se dirigió a su última batalla, quería decirle que no había sido su culpa, pero eso no importaba ya, nunca más supe de él.
La vida en la abadía era muy diferente a la del castillo, rezos y duros trabajos de mantenimiento, cuidado de animales, siembra y recolección de alimentos, más rezos, castigos si el trabajo estaba mal, más rezos, estudios, castigos si los estudios estaban mal, más rezos, castigos si los rezos no se hacían correctamente,….pero siempre que había un momento libre en el día, cogía mi espada de madera hecha con los restos de una vieja escoba y practicaba recordando los movimientos que mi padre me había enseñado, lo cual terminaba con castigo por desatender alguna de mis obligaciones, pero el día siguiente de nuevo allí estaba en el establo para practicar.
Pero un día cualquiera con unos años ya en la abadía, el abad vino a buscarme al establo ya con la vara para practicar con mi espalda su deporte favorito y al entrar en las cuadras me encontró practicando esgrima, pero había algo diferente. Un halo de luz rodeaba mi figura, un fulgor blanco, intenso, y supo entonces que lo ocurrido años atrás en aquella sala no fue un descuido de aquel oscuro hechicero, había desconcentrado a un gran nigromante con un grito divino. La vara cayó de sus manos y se me acerco, basta decir que no le oí hasta que lo tuve encima y me prepare para recibir el primero de muchos golpes, pero no fue así, acarició mi cabeza y me acompaño dentro de la abadía. Que decir que los demás monjes me miraban con el ceño fruncido, a saber que habría hecho esta vez, pero cambiaban de expresión en cuanto el abad les decía que yo ya no seguiría las enseñanzas para convertirme en sacerdote simplemente, iban a duplicar mis tareas, pues ahora estudiaría táctica y marcialidad, esgrima y combate, se le adoctrinaría conforme las normas de la vieja Orden de Temple, iba a empezar mi instrucción como guerrero, como soldado, como Paladín de Torm.
Última edición por Armalak el Jue Jun 23, 2022 11:07 am, editado 2 veces en total.
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PRIMERA MISION

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PRIMERA MISION

Unas pocas semanas después de asentarme en Nevesmortas y empezar a relacionarme con los ciudadanos de la villa, obtuve mi recompensa en forma de confianza. La boticaria una mujer madura y muy amable necesitaba de mi ayuda así que mi hermano de armas, Rolan un cruzado versado en media docena de batallas, y yo nos dispusimos a hablar con ella.
La mujer parecía preocupada, hacia un par de semanas había perdido a sus sobrinos por la peste y no tenia noticias de su hermana, nos pidió que fuésemos a ver si estaba bien pues vivía en una granja retirada camino a Sundabar. Ni por un momento dudamos en ponernos en marcha y aliviar la preocupación de aquella mujer por su hermana y tomamos el camino de la Bifurcación en dirección Oeste.
Después de algunos altercados con alimañas, animales salvajes y algunos asaltadores de caminos, mi compañero Rolan decidió no seguir adelante debido a la gravedad de sus heridas acumuladas, coincidiendo con la llegada de dos aventureros, el encapuchado Cyrus y el clérigo Taron. Con lo que el grupo de tres marchamos a la granja de la que era propietario el cuñado de la boticaria preocupada, mientras cambiabamos pareceres de lo que íbamos a encontrar.
La granja estaba en un estado semidesierto, el hombre fuera cortaba leña, conforme nos acercamos empezaron las sospechas, me habían dicho que era una granja de pequeños caballos muy resistentes llamados ponis, pero los cercados estaban vacios. No había animales de granja por ningún sitio y ni siquiera se oía gallinas que en estos casos serian un escándalo en una granja así, ni un mal perro q advirtiese de nuestra llegada.
El hombre, un avezado hombre de campo, robusto, sostenía un hacha q dejo al acercarnos para saludar. Estaba distante y algo arisco, nos decía una y otra vez que su mujer estaba bien, habían perdido a sus gemelos y estaba conmocionada por la situación abrumadora, una y otra vez insistí en que todo iba bien, que no le nombrásemos a su mujer a su hija. ¿Qué hija? Era la primera vez que sabía q había una pequeña, y si estaba enferma el clérigo y yo podíamos salvarla. Tuvimos que presionarle mucho, pero nos dejó entrar en la casa por fin.
El escenario que encontramos fue lúgubre y muy cargante, una casa acogedora, con un piso arriba para las habitaciones suponía, y al girar la pared de la entrada un gran comedor, lleno hasta arriba de flores, demasiadas flores. Aparentemente nos quiso dar a entender que eran flores curativas para la enfermedad de su esposa, pero no consiguió convencernos de todo, así que seguimos inspeccionando. La mujer estaba como ida, sentada al lado de la ventana, apenas la habíamos distinguido desde fuera, mirada perdida en una pintura situada frente a ella, quizás más joven que ahora, pues estaba pálida y delgada, y la rodeaban flores allá donde alcanzaba la vista, toda aquella habitación llena todo tipo de flora…aromática, no curativa.
Intentamos hablar con ella, convencerla que estábamos allí para ayudarla y que su hija seria salvada, algo en su mirada cambio y reacciono, empezó a llamar a su hija suavemente y el marido, empezó a gritarnos. Mire a Taron, y le hice entender que algo iba mal, de inmediato envié a Cyrus al piso de arriba porque oímos un grito joven. Lo que encontró arriba le hizo bajar con el estómago revuelto y pidió a Taron que subiera rápido, me abalance sobre el marido que no dejaba de gritar y lamentarse. Cuando Taron bajo, las palabras del infeliz padre empezaron a tener algo de sentido. Los dos niños no habían muerto por la peste, habían sido semidevorados, por su madre. Y la misma suerte hubiera corrido la niña si no llega a pararla aquel despojo de hombre, pues aun atacada, con los cuidados apropiados Taron veía que podía ser salvada.
En aquel momento mientras el granjero confesaba, la mujer empezó a convulsionar y convertirse en una criatura vil y sanguinaria, tuve q soltar a mi prisionero y afianzar mi fiel arma, junto al clérigo sometimos a la criatura, no sin esfuerzo mientras Cyrus lanzaba pequeñas dagas en la distancia con mucha destreza, aun después de caer volvió a levantarse y pelear, así que con mucho pesar tuve q cercenar su cabeza cuando volvió a caer y una vez q nos aseguramos que no se volvería a levantar volvimos con el viudo.
Nos contó la historia de lo ocurrido, su mujer cayó víctima de una grave enfermedad y pereció, sin apenas haberse enfriado el cadáver, apareció un tipo, siniestro, lúgubre, descuidado que se ofreció a devolver la vida a aquel cuerpo muerto, a lo cual el desdichado granjero viéndose viudo con tres pequeños y sin el amor de su vida, no dudo ni un segundo en aceptar la ofrenda sin preguntar el precio que tenía que pagar. Su mujer volvió a la vida en cuanto aquel pintor la retrato y si por unos momentos tenia color en su cara, de inmediato se abalanzo sobre los pequeños y después de matarlos empezó a devorarlos, por suerte antes de que su hija sufriera el mismo destino la escondió de la vista de su madre y conto a todo el mundo que los niños fueron víctimas de la enfermedad y su mujer estaba gravemente en shock. Nada sabía de aquel individuo ni lo que fue de él pues desapareció, aprovechando el incidente, el cogió a su mujer que parecía que consumir la carne de sus hijos le recuperaba la memoria y la rodeo de flores para ocultar el hedor de muerte que desprendía, ya que era una no viva.
Nos dieron ganas a los tres de ensartar a aquel miserable con nuestras armas pero nos reprimimos amargamente, bastante había sufrido ya perdiendo a su mujer, sus hijos y ahora íbamos a llevarnos a su hija y el comprendiéndolo ya no opuso resistencia alguna. La niña fue curada de sus heridas en Sundabar por los sacerdotes del templo, donde contamos lo sucedido y se hicieron cargo de la situación, compramos ropas nuevas y comprobaron que no albergaba ninguna maldad oculta, con lo que le borraron la memoria para evitar el trauma que pudiera ocasionarle a largo plazo y se la llevamos a su tía la boticaria de Nevesmortas para que la criase. Su madre y hermanos murieron por la enfermedad y las autoridades de Sundabar ordenaron incendiar la casa para evitar que se propagase, así cubrimos la quema de los rastros de maldad que pudieran quedar y se hicieron piras para las víctimas, de modo que no habría tumbas que visitar y nunca sabrían en la villa, el horror acontecido en aquella granja apartada. Su cuñado marcharía a buscar fortuna lejos de allí con el peso de la culpa sobre sus hombros, quizá algún día lo encontrarían colgado del cuello en un árbol en la espesura del bosque, pobre final para tan gran culpa.
De recuerdo de la aventura, Cyrus se llevó la pintura antes de que ardiese todo y yo empecé a acompañar al clérigo de Tyr, un tal Taron Rogers, el que más tarde se convertiría en mi mentor por un tiempo.
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Re: Barrey

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EL NIGROMANTE

Finalizada la primera misión, y con el pesar en lo mas profundo del corazón por la perdida de dos almas inocentes como eran aquellos dos niños, cabilé largamente en mi habitación de la posada. El escandalo era inmenso y venia de la parte de abajo, no podía dormir ni descansar, como podía haber tal bullicio? Tanta gente contándose anécdotas, peripecias, historias,… entonces lo vi claro, el tablón de anuncios de la plaza! Con tanta gente pasando y chismorreando era el mejor lugar para buscar información, además de un lugar discreto donde cualquiera podía mirar sin llamar la atención a ciertas horas del día, o la noche.
Prepare pues el cebo, un anuncio de lo más simple, necesitaba “pintor para moribundo en cama”, y afiance la carnaza, “su mujer embarazada de gemelos quiere un recuerdo de su marido”, ahora, como el pesca solo había q soltar hilo y esperar.
Mucha gente pregunto, por la razón del pintor, había quien lo consideraba una broma, había quien lo ignoraba, pero al final hubo alguien que se interesó por la noticia. No era la presa que yo estaba esperando, sino alguien que estaba de caza también, la dama Seda, o Seda como gusta que me dirija a ella solamente.
Hablando con ella, me indico exactamente que estaba buscando, ella lo venía persiguiendo desde hacía mucho tiempo, le seguía la pista y con mi indicación había encontrado una pista que la ponía de nuevo sobre el rastro. Me contó a quien buscaba, un ser errante, atraído por el hedor de la muerte, un nigromante, pero no uno cualquiera, un ser tan poderoso que la gente no quería ni cruzarse en su camino, un ser de tal poder que podía cambiar la forma de su aspecto y mezclarse en cualquier sociedad sin llamar en absoluto la atención. La sangre hirvió en mis venas oyéndola, la tragedia de mi pasado volvía de nuevo a mi presente, quizás fuese el mismo que sometió la voluntad de mi padre para matar a mi madre y mi hermana no nacida, obligándole a marchar a las cruzadas para redimir su culpa.
Ensimismado en mis recuerdos, empecé a juntar piezas, y cuando Seda me pregunto por si había encontrado alguna pintura, me vino a la cabeza Cyrus, pero, quien me podía asegurar que aquella extraña no era el nigromante que había cambiado de aspecto y quería recuperar su pintura? Era la única forma de rastrear la maldad que desprendía y poder localizarlo, bien podía estar tanteándome para perderle la pista, así que muy a mi pesar le tuve que decir que se incendio la granja con “todo lo que había dentro”, no mentía, Cyrus se lo había llevado antes. Pero debía asegurarme que Seda era la persona que decía ser antes de confiar en ella, preguntaría a los lugareños y gente de mi confianza para tal fin, si todo era correcto la pondría al corriente de la pintura solo una vez estuviera seguro.

La cacería había empezado y por fin le pude poner nombre a mi objetivo, Basilisco.
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Re: Barrey

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EL CLERIGO Y EL PALADIN

Taron Rogers, clérigo de Tyr, indiferente, arrogante, egocéntrico, individualista, cansino hasta la saciedad, pero a su vez paciente, tolerante, diligente, alguien a tener en cuenta. Después de nuestra pequeña misión en la granja en la cual apadrinamos a la sobrina de al boticaria, pese a la reticencia de Taron, empezamos a salir de aventuras juntos. Quizás porque necesitaba alguien que me guiara por la zona, quizás por la imperiosa necesidad de tener alguien sobre quien aprender, técnicas de combate, movimientos del defensa, cultura popular, conocimientos sobre los lugareños.
Casi sin quererlo, el pequeño paladín empezó a seguir al gran clérigo, con todos su conjuros, armas, armaduras, se le veía grande, vigoroso, imparable en la batalla, decidido en sus palabras, fue mostrándose más como un maestro y su pupilo. Aunque para seguirlo muchas veces acababa con la lengua fuera porque o podía seguir su ritmo y velocidad, mataba bestias y alimañas con tal facilidad que era como si apartase una fina tela que caía enfrente suyo, no había manera de que me esperase, así que pronto aprendí a registrar a sus víctimas en busca de objetos valiosos y dinero con el que costear mis muchas pócimas de sanación, ya que ir con él era ir a una muerte casi segura.
Poco a poco fui ganándome su confianza, y empezaron los consejos, mejorar mis movimientos de combate, mejorar mi armadura, mejorar mis avalorios mágicos, las famosas botas de velocidad que Torm sabe lo que me costo reunir el dinero suficiente. Llego un dí que sentado en el banco del hospicio y observando las estrellas en la noche se sentó a mi lado y compartimos confidencias, nada demasiado sentimental, simplemente ver el cielo y pensar en que hay mas allá, fueron vanalidades soltadas a la luz de la luna, pero aquella cercanía, aquella paternalidad me llego poco a poco al corazón.
Pero la felicidad y la alegría son etéreas y al igual q un secreto, se desvanecen cuando empiezas a compartirlas, algo paso, ni siquiera ahora llego a entender el que, fue un comentario, fue una situación, fue incluso una situación… Taron se trastorno por completo, pinto su armadura de negro, se enfundo un casco de oscura procedencia y busco sangre en las alimañas y engendros que de costumbre cazabamos. Más sanguinario que de costumbre, regodeándose en las heridas de sus enemigos, si antes no podía seguirle el ritmo, ahora con botas de velocidad y todo me seguía dejando atrás, había cambiado a mal, no quería curar a nadie ni ayudar a nadie, pero aunque me echaba de sus lado continuamente, mantuve mi voluntad férrea y lo acompañe aun a riesgo de poner en peligro mi vida e incluso expensas de condenar mi alma eterna.
Le hubiera seguido hasta las mismas puertas del infierno, a lo que le recalque que a partir de ahí debería seguir solo, se rio, se rio como nunca, se quitó el tenebroso casco, y unos ojos brillantes de alegría volvieron a asomar por su cara, poblando lo colores de su armadura de nuevo con los símbolos de Tyr, me dio las gracias y se despidió para siempre, no lo comprendía, había resistido la corrupción, había hecho frente al deseo de aferrarse a la oscuridad. Supongo que su tiempo en Nevesmortas ya había pasado, me enseño todo lo que podía enseñarme y marcho hacia nuevos retos.
Y allí me quede, a caballo de mi fiel montura mirando como su figura desaparecía en el horizonte, no miro atrás, simplemente intuyó que le estaba mirando y en un último esbozo de su contorno levanto la mano como despedida, ese día se fue más que un compañero, más que un mentor, ese día se fue un gran amigo, haya donde vayas te deseo todo lo mejor del mundo.
Volví a la villa, cabizbajo, recordando los buenos y malos momentos, desmonté de mi caballo, atravesé las puertas y mientras lavaba mi cara en la fuente, se me acercó un aventurero, apenas lo distinguía con el agua cayéndome sobre los ojos, me aclare la vista y vi un clérigo con los colores de Tempus. Me pidió ayuda para socializarse con la gente del lugar, la villa y alrededores, lo miré de arriba a abajo, sonreí, y le dije que necesitaría versarse en el combate, más armadura y unas botas de velocidad, nos reímos y se me presentó, soy Gerrek Arnst.
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Re: Barrey

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EL DRAGON Y EL PALADIN

Los días pasaban y mis aptitudes crecían con el tiempo, junto a Rolan el cruzado y Gerrek el clérigo, nos dedicamos a hacer negocio llevando bueyes que recogíamos al granjero Pather y dejábamos a su contacto en Sundabar. Todos ganábamos dinero y además nosotros experiencia en combate dado que el camino de la Bifurcación estaba plagado de bestias salvajes, alimañas y bandoleros, que no dudaban ni un momento en atacar nuestra mercancía.
Un dia, en el que nuestro compañero Rolan no se encontraba debido a que tenia que atender unos asuntos urgentes, Gerrek me propuso ir a las tierras de los dracos, lo cual sonaba interesante, monstruos mas poderosos y quizás algún objeto interesante con el que poder comerciar y ayudar donando al templo, me pareció bien y me apunte a la aventura.
No empezamos mal, al parecer todos los clérigos les gusta corre porque al llegar al valle de los dracos, situado al lado mismo del asentamiento de Fuerte Nuevo, no llegue ni a ver al primer animal, Gerrek lo mato tan rápido que no pude ni verlo en acción. Escarpamos la montaña y entramos en sus nidos, ahí no podían volar con lo que nuestra ventaja era mayor y usando los pasillos fue fácil usar tácticas de embudo para que no se nos echasen todos encima de golpe. Elementales de vapor, elementales de Roca, eran diversas las abominaciones de aquel sitio, y después de saquear los nidos de aquellas bestias. Enseguida vi el porque del terror a tan magnas bestias, ganado y restos humanos yacían alrededor de enormes nidos con huevos grandes, que contenían las siguientes generaciones de aberraciones que ya no verían un futuro, algunos objetos mágicos y restos de expediciones.
Pero llegando casi a la cima, tuve que para a tomar aliento en un rellano, el aire era muy frio y me costaba incluso respirar, el hielo empezaba anotarse en mis huesos y deje que Gerrek, para variar corriera delante mío y girase la primera esquina, ya lo alcanzaría. De repente, la situación se volvió confusa, el clérigo giro la esquina como si lo persiguiesen miles de demonios, y al pasar por mi lado lo único que oí fue una palabra, dragón.
No había girado la esquina y el olor agrio y pestilente delato que se trataba de un dragón negro, escamas como corazas, dientes como espadas, aliento venenoso y lo mas peligroso, maestría en las artes mágicas de la oscuridad. No podía verlo debido a que me agarre a la pared de la montaña, no me había ni visto y sus conjuros ya me estaban aturdiendo y confundiendo, el antes ancho pasillo del camino de montaña se hacia cada vez mas estrecho en mi mente y fue cuando en mi cabeza sonó una voz, fuerte, poderosa, gutural y diabólica:

- ¡Puedo olerrrrrte! ¡Puedo sentirrrrrte humano! ¡Ven a por tu trrrrrrrofeo, muchos lo han intentado, puede que tu tengas más suerrrrrrrrrrte!

Aquella bestia me hablaba directa y solamente a mi, sin verme siquiera podia hacerme frente, mi cuerpo no respondia y mis sentidos fallaban cada vez mas, un deseo casi irrefrenable de salir a hacerle frente paso como un destello por delante de mi y le conteste gritando a la montaña

- ¡Bestia inmunda pagaras por las muertes que has ocasionado en nombre de Torm!
- ¡Oooooooh! Un paladín! – resonó una vez mas aquella voz en mi cabeza- ¡Un bocado delicioso, ven y enfrrrrrrrrrrrrréntate a mi! ¡No querrás quedar mal ante tu dios!
- ¡Mi dios sabe muy bien que no soy rival para ti atroz abominación del caos, pero ten por seguro que volveremos a vernos! – volví a gritar a la montaña
- ¡Aquí te estarrrrrrrrrrrre esperrrrrrando paladin! ¡No tengo ninguna prrrrrrrrisa! ¡Hay mucho ganado y muchos aldeanos en el asentamiento de la falda de la montaña! ¡Me deleitarrrrrrrrrrrrrre con ellos mientrrrrrrrrras te decides!

Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para alejarme de la esquina de donde provenía la presencia, y alcance la cueva por la que había salido, la mano del clérigo me agarro y me entro hacia dentro evitando que me despeñase montaña abajo. Jure que volvería para liberar al mundo de tal monstruosidad acabando con su vida en nombre de Torm, lo último que pude oir fue su carcajada en mi cabeza, burlona y atrevida, la terrible risa de un dragón negro.
Armalak
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Re: Barrey

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LA ARMADURA NEGRA Y ROJA


Un paladín del bien no puede caer, en la corrupción, no puede dejarse llevar por sus más profundos deseos o dar rienda suelta a sus instintos mas salvajes y dejarse caer en la barbarie de derramamiento y baños de sangre desenfrenados, debe mantener el control en todo momento, debe estar centrado y no dejarse manipular. Pues si fallase alguna vez en esto al paladín solo le quedan dos opciones, abandonar la senda de la sensatez, colgar los hábitos y renunciar a la vida de devota de un guerrero sagrado o lanzarse de cabeza hasta el enemigo hasta que la muerte lo acunase entre sus brazos y los dioses decidieran su destino en el mas allá pues moriría como uno de sus más obcecados seguidores.
Un paladín es el guerrero más fanático, el sacerdote más fervoroso y el creyente más fiel, pero a veces hay errores que enmendar, no porque se haya perdido la fe en su dios o en si mismo, siguen siendo mortales y cometen errores difíciles de evitar. En estos casos el paladín siente vergüenza por fallarle a los que le rodean y debe mostrarla, por lo que los sagrados soldados de Torm pintan su armadura de negro simbolizando la muerte y sufrimiento de su dios porque antes de divino también fue mortal. El negro simboliza su muerte y su perdida, el rojo simboliza las heridas que llevaron a su fin y su tristeza.
Un paladín de Torm que porte estos colores está redimiendo sus faltas, leves pero faltas al fin y al cabo, renunciara al blanco fulgor para mostrar su vergüenza delante de los que le rodean, y en caso de cruzarse con otro paladín de Torm, se apartara del camino y agachara la cabeza, su compañero sentirá su pesar pero lejos de humillarlo, le aliviara con palabras de consuelo al pasar por delante, con respeto pues alguien que reconoce que se ha equivocado tiene el derecho a ser apoyado por los suyos para que vuelva a la buen cauce y pueda retomar sus obligaciones para con Torm y todas las criaturas que ha jurado proteger.
Barrey cometió el error de dejarse llevar por la amistad, y debido a la insistencia de Rolan y Gerrek, accedió a regañadientes a embarcarse en una misión para acabar con un liche. Un no muerto, con poderes nigrománticos, gran maestro de la magia oscura, algo para lo que todavía no estaba preparado, junto a gente que nunca había combatido junta y con dones tan diferentes e incompatibles que sabía que estaba abocada al desastre. Pero tampoco quería dejar a sus amigos solos contra un ser tan malvado y los tres, junto a la dama Dahya y el señor Brognar fueron a la cripta donde el mal acechaba. Que decir que las previsiones se cumplieron y el desorden se hizo presente, la magia de aquel era tan poderosa que Barrey apenas lo vio un segundo antes de verse en el limbo esperando que los dioses decidieran si había llegado su hora, viendo la oportunidad que podían tener, Gerrek que debio resucitar gracias un pergamino de Rolan hizo lo propio con Barrey usando su magia divina. Esta vez barrey llego a situarse cuerpo a cuerpo con el liche que de nuevo envio a Barrey al limbo confirmando sus peores sospechas, pero esta vez, todo el grupo que había acudido a matar al no muerto fue llegando debido a que no eran rivales.
El paladín sintió una vergüenza profunda, había caído por la presión de la amistad y las buenas palabras, no debía volver a caer en aquella tentación, pero debía autoinflingirse un castigo, cogió su armadura blanca inmaculada y le pidió al sastre de Sundabar que pintara los colores de la vergüenza hasta considerar saldada la afrenta, y desde ese día viste la armadura negra y roja.
Armalak
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Re: Barrey

Mensaje por Armalak »

LA GUERRA

Un monstruo que devora todo aquello que encuentra a su paso, esperanzas, sueños, futuro, ilusión,…. Cuando el señor Lothar, un aguerrido caballero curtido en un millar de batallas y enfrentamientos, con muchos veranos sobre sus anchas espaldas, enormes brazos y un carácter tranquilo y controlado me ofreció enrolarme en una guerra, por un segundo mi sangre se encendió en mi interior. Luchar contra criaturas de la oscuridad, aplastar a los enemigos de Torm, que honor, que gozo, que sensación de plenitud, que…. Idiota. Después de hablar con Cuarto y explicarme que el señor Lothar era el líder de una tropa de mercenarios y que recibiría una buena cantidad de dinero por acabar con la vida de un pueblo que atacaba a otro, desde tiempos inmemoriales como resaltó más tarde el señor Brognar, fue como si se me cayese una venda de los ojos, luchar por dinero, un dinero que aunque le hubiera venido bien al templo de Torm no dejaría de estar manchado de sangre y para eso no estamos aquí lo paladines. En cambio mi buen amigo Rolan no dudo ni un momento en acceder, la gloria de la batalla decía, el honor de la lucha, dejar huella en Faerun con sus hazañas de guerra, lo siento no lo veo asi. Quizás si hablase con la dama Dahya le explicaría cuatro cosas de la guerra, ella viene de un lugar cálido donde las tribus luchan en guerras interminables por la supervivencia, el agua, los territorios de cultivo, los pastos, allí hacer la guerra tiene un sentido, la vida. En cambio lo que se me proponía a mí era recibir una cantidad nada despreciable de oro para ir a quitar la vida a otros seres que aun siendo descendientes de la misma noche, también tienen familias, son padres, hijos y hermanos, dejan atrás todo por embarcarse en una cruzada de sangrientas matanzas y a su vez son recibidos por padres, hijos y hermanos que defienden sus hogares, y sus riquezas, y sus tierras, y sus recursos minerales, cualquiera que lucha por su hogar vale diez veces más que un mercenario bien pagado, la idea es saber quien defiende sus tierras legítimamente.
Lo más increíble y de lo que me conseguí enterar casi de casualidad fue de lo que hizo el famoso señor Lothar para probar que eran dignos combatientes aquellos que querían alistarse en sus filas. Nos llevó a una zona habitada por elementales, dracos y dragones, con la compañía de una mediana llamada Katya y una doncella noble de nombre Aelswith, si no llega a ser por la rápida y acertada intervención de Cuarto dudo mucho que hubiéramos podido salir de allí con vida, para mí una verdadera locura porque no entendía el por que traer a dos no combatientes, después lo comprendí. Haciendo una lectura con tranquilidad analice la situación, ver si son capaces de proteger algo muy sensible, lo que significa que en caso de guerra, las familias de los combatientes podrían salir y ponerse a salvo en otro lugar, pero no se puede trasladar una montaña con sus riquezas, vi muy claro lo que le dije al señor Lothar, se les pagaba no por defender los hogares, se les pagaba y muy bien por defender aquello que no podían llevarse, las riquezas de la montaña, por lo que le dije al líder de los mercenarios no era ninguna locura, no iba a luchar por codicia.
Nunca he estado en una guerra, ni siquiera en un gran batalla, Rolan quizá si haya estado en alguna batalla menor, con mayoría numérica, contra bestias descerebradas o un alzamiento de gente sin liderazgo, lo mío siempre han sido pequeñas refriegas contra grupos pequeños de criaturas de la oscuridad o alimañas irracionales, una instrucción militar adecuada no es difícil de lidiar con estas situaciones. Pero una gran batalla, donde miles de hombres y caballos, máquinas y monstruos, se enfrentan a otros tantos eso es otro cantar. La tensión, el miedo, el coraje, el valor, todo se mide en una gran batalla, y una guerra es una batalla detrás de otra, quizás por eso Lothar ahoga sus pensamientos en alcohol, un hombre con un pasado como el suyo, tiene muchos recuerdos que borrar y muchas caras que olvidar.
Pero la guerra es un animal que no deja ningún ganador, todo el que participa acaba por una u otra cosa siendo perdedor, pierde la vida, la familia, los amigos, los compañeros, la cordura… En la abadía cuando me preparaba para ser paladín siendo muy joven todavía y aprendiendo a manejar la espada con destreza, le dije al abad que tenía ganas de entrar en batalla por la gloria de Torm, aplastar enemigos en su nombre, destruir sus hogares, acabar con su amenaza. El viejo monje me miró y sus ojos se llenaron de tristeza, me pidió que le acompañase, me llevo al establo y pidió que enganchasen los caballos a la carreta de suministros, y dejasen hueco para dos viajeros más, nosotros. No entendía nada de donde íbamos, solo repetía una y otra vez, las oraciones de arenga a los guerreros, a media que mi fuego interior crecía su rostro se volvía más triste.
Llegamos a un monasterio cercano, al otro lado, una gran batalla estaba sucediendo, hombres y bestias luchaban, mientras las flechas volaban y dibujaban terribles estampas en el aire. Me indicó que era una batalla en la que llevaban días luchando, la última de una guerra que se había desatado hacía meses, no cabía en mi gozo, oír el tintineo de las armaduras, el chocar de espadas, el rumor de los cascos de los caballos al galope, eso era lo que quería. Pero no era eso lo que el abad quería mostrarme, pues me pidió que le siguiera dentro del edificio, y muy a mi pesar después de mirar una vez más el campo de batalla le seguí dentro.
Nada más entrar por el umbral de la puerta ya note el hedor de la pobredumbre y la muerte, en la gran sala de ceremonias se había montado un hospital de campaña, miles de heridos se hacinaban junto a los cadáveres de sus compañeros que hacia unas horas luchaban a su lado, el chirriar de las sierras de amputación se metía en la cabeza, los gritos de desesperación de los que no podían aguantar el dolor eran horribles, y monjes empapados en sangre y sudor corrían arriba y abajo, piernas, brazos, ojos, orejas, pies, manos, un gran barril de desechos lleno de moscas era llevado fuera y vaciado en una gran hoguera en el exterior. Empecé a vaciar la carreta, llevábamos alcohol para dormir en las operaciones, opiáceos para litigar el dolor y mantas para hacer vendas, apenas sabia donde mirar dentro de aquel escenario dantesco, era lo que nadie cuenta, era, la otra parte de la guerra.
Mientras llevaba suministros donde eran necesarios les preguntaba a los monjes hospitalarios porque no usaban sus bendiciones para curar a los heridos, me dijeron que había tantas víctimas que hacia días que la magia divina la habían agotado, y no podían pararse siquiera a descansar y rezar para restaurar su fe, continuamente entraban carretas con heridos y ni así llegaban a salvarlos a todos, ahora entendía la tristeza en el rostro el abad, estaba muy equivocado con respecto a la guerra.
Perdido en mis pensamientos note una mano que agarraba mi antebrazo, muy fuerte y temblorosa, la de un soldado al que habían amputado las dos piernas y sendos cinturones impedían que se desangrara. Me miro con cara seria y me pidió lo impensable, había perdido su mujer, a sus hijos y a su único hermano, no le quedaba nada por lo que vivir, me pidió que le aflojara los torniquetes, quise calmarlo, decirle que todo iria bien, que los dioses lo protegerían… cogí la hebilla y la afloje, de forma que poco a poco la sangre fue fluyendo, lo tape con una gruesa manta, me dio las gracias y cerro los ojos.
A la mañana siguiente con el estómago revuelto y la garganta dolorida de las veces que había devuelto toda la comida que había tomado en mi vida, el abad se me acerco, y me dijo que el hombre al que había aflojado los cinturones había muerto durante la noche desangrado, en paz, sin dolor, sin más preocupaciones. Siempre digo que lo primero que mate fue una enrome rata con una honda, pero el primer hombre que mate fue en una mesa, por compasión y solo tuve que aflojar unas hebillas, pero no fue la culpa la que se apodero de mi, sino la compasión y la esperanza de que ahora podría descansar junto a toda su familia.
Mientras tanto la batalla por fin había finalizado y solo quedaban los cadáveres de los hombres que habían luchado por la gloria, por dinero, por obligación y por necesidad, sin poder distinguirse a unos de los otros.

“La guerra es una pelea entre gente que no se conoce, por culpa de gente que si se conoce y no se pelea”
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