Zalcor, un joven que sigue los pasos de su padre.

Los trovadores de la región narran la historia de sus héroes. (Historias escritas por los jugadores)

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Rasechimba
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Re: Zalcor, un joven que sigue los pasos de su padre.

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El susto ha pasado. Poco tiempo había pasado de su decisión. Poco tiempo centrado en el bosque. Un problema más aceleró su corazón. Sus palabras eran rápidas, al igual que su respiración. Se sentía incómodo. No podía evitar sus movimientos nerviosos. No podía creer lo que le estaban contando. Desconfiaba de quienes le hablaban, pero no tenía sentido. ¿Por qué iba ella a arriesgarse a ir hasta allí, su terreno, para decir algo tan poco creíble?
Tocaba mover ficha. No tardó un solo instante en poner sus pies en movimiento, en usar su vínculo con el bosque. Debía ser rápido. Necesitaba respuestas al millón de preguntas que rondaban su mente. No tardó en reunir la información. Todo encajaba, las dudas, los susurros del bosque, su corazón. Todo volvía a estar en calma. Ángela estaba bien. Ángela volvía a ser la de antes. Sólo fue un susto. Su meta, su decisión, su comunión con el equilibrio. Una breve interrupción pero tocaba volver a su retiro. El cachorro debía madurar.
Rasechimba
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Re: Zalcor, un joven que sigue los pasos de su padre.

Mensaje por Rasechimba »

Paso a paso. Sólo hay que volver a recorrer el camino. Un pie después del otro. Por desgracia, los caminos no son perfectos. Existen curvas, desvíos y obstáculos.
Al comienzo el sendero a recorrer era recto, se divisaban algunos desvíos, pero solo era necesario sacar una brújula para enderezar el sentido de la marcha. Poco duró el encaminamiento. Paso a paso, pregunta a pregunta, la aguja oscilaba, cada vez en un abanico más amplio.
Todo era una ilusión, todo seguía igual. No había manada, no había un camino a seguir para todos. Lo que se suponía que era un problema de todos, una colaboración entre todos, sólo era un objetivo de unos pocos manejando a muchos. No era nuestra guerra, sino la suya disfrazada. ¿Por qué seguir? ¿Por qué tal esfuerzo? No había motivo para seguir la senda marcada. El riesgo que se asumía ya no pesaba igual que el beneficio. ¿Para qué colaborar en las decisiones de otros pudiendo observar y tomar tus propias decisiones en consecuencia?
Las dudas eran patentes desde el inicio, y poco a poco fueron aflorando más. Llegó la reunión, ahí quedo claro de que pie cojeaba cada uno. Se esperaba ayuda, pero, ¿ quién la pidió ? Se decidió ayudar, pero, ¿ qué se recibió a cambio ? No sólo no se contó con ellos al inicio de todo, sino que, con las cartas sobre la mesa, con el tallo asomando sobre la tierra, se les seguía sin tener en cuenta. Sólo se les pedía, dando por hecho que debían colaborar, pero nadie pensaba en las repercusiones que existirían para ellos el hecho de colaborar. No importaba, cada cual miraba por su propio beneficio. Fue entonces cuando el guardián lo dejó claro. "Me dan igual las intenciones, no voy a dar libertad si afecta a mis labores". "Tu orden, tu problema". Dos frases que dejaron claros sus pensamientos e intenciones. Se estaba negociando, pero no por él.
Los días siguientes no mostraban precisamente mejoría alguna. Todo eran secretos, nadie le decía nada. Preguntaba, nunca había nada nuevo. Hablaban otros y las novedades aparecían debajo de las piedras. Se le censuraba cuando preguntaba por lo que desconocía, pero nada ocurría cuando otros lo hacían.
Todo era igual, y su vieja decisión se hacía aún mas firme. Cumpliría con su palabra, se quedaría moralmente tranquilo tras intentarlo, pero eso era todo. Había dejado de ser su guerra. Aún así no se sentía culpable. No era algo premeditado, simplemente le habían empujado a ello, una vez más.
Rasechimba
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Re: Zalcor, un joven que sigue los pasos de su padre.

Mensaje por Rasechimba »

- Fex, que sólo era una broma, por Mielikki que no voy a dispararte.
*El halcón le da algunos picotazos juguetones en la cabeza*
- Anda, descansa un poco, que cuando tome la decisión tendrás que moverte de nuevo. *le da un pedazo de carne al animal y acaricia su cabeza, tras lo cual este se marcha*
Muchas cosas habían pasado en la vida del guardián tras volver a otear las villas. Demasiadas sensaciones retenidas, demasiados pensamientos apartados. Estaba claro que a ojo de Vildiara aún tenía mucho que madurar. Aunque tardó en continuar, seguía dejándose llevar por el corazón. Y claro, por la curiosidad.
Todo comenzó con el maldito cofre. ¿Por qué no se marchó? ¿Por qué tuvo que quedarse a mirar? ¿Por qué tuvo la necesidad de ver lo mismo que Seda? Una vez más la curiosidad conllevaba un alto precio. La sangre no pararía de recordárselo.
El hermano lo encontraba. Una aberración formada por sus imprudencias. Aún teniéndolo delante quiso luchar, y nuevamente no salió bien. Volvieron a localizarle, y volvió a mirar. Esta vez el precio lo pagaron otros. Como ya era costumbre, tuvo que ser ayudado para librarse del peso de la marca.
Este último detalle se lo escondió a Vildiara. Sabía que mientras estuviese preocupada vigilaría los bosques para que no le pasara nada. Era como su hijo tonto que siempre necesitaba ayuda.
El teatro. Una vez más se sintió inútil. Permitió que alguien que apreciaba se sacrificase. Permitió que esa misma persona se encargase de todo. Pagó su frustración con quienes la apartaron de su lado, quienes cerraron el camino de vuelto, aunque el entonces no sabía que esa vuelta no iba a suceder.
Una nueva niebla. Una nueva curiosidad. Tenía la necesidad de ver lo que ocurría. Nuevamente, el precio fue caro, muy caro. No sólo no sirvió de ayuda, sino que complicó todo. No sólo había creado un reflejo en el espejo, sino que la sombra de éste era más grande que la suya. No podía evitar dar vueltas a lo sucedido. Y si también adoptó sus conocimientos. Y si podía controlarle en cualquier momento. El miedo empezaba a hacerle dudar. ¿Cómo podrían usarle? ¿Qué atrocidades podría cometer? No quedaba otra. Lo más sensato era la ausencia. Por lo menos no empeoraría las cosas.

Demasiados problemas. Demasiados errores. No veía un sendero seguro para él. ¿Y para los demás? Los rostros pasaban ante sus ojos. Amigos de siempre, compañeros, nuevos conocidos. Pocas cosas habían merecido la pena en todo este tiempo. No quedaba otro camino a su juicio. Paciencia y que ocurra lo que deba ocurrir. Ya llegará el momento de las decisiones.
*Emitió un gruñido cargado de malestar y continuó con su practica de espadas, en algo debía emplear el tiempo*
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