La Madre.

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--Talos--
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Re: La Madre.

Mensaje por --Talos-- »


Los camastros se alineaban en lo que parecía ya una vasta habitación.
Todos tenían un ocupante.
Solo un par tenían sobre ellos destellantes luces que conformaban glifos cambiantes.
En una de ellas se encontraba trabajando.
Los dedos se movían agiles, como un titiritero, haciendo danzar hilos de luz que pendían sobre el pecho del hombre.

Movía, tiraba y estiraba.
Con detalle.
Con cuidado.

Un hilo de luz arrancó algo liliáceo envuelto en hebras blanquecinas.

Los dedos se detuvieron por unos segundos antes de retomar los movimientos.

- Un notable progreso. - masculló.
Luego alzó la voz sin perder la concentración.

- Id. Buscad. Encontrad.



- ¿Así qué quieres ganar fortuna?
- Claro. Eso me ha dicho ella que podría obtener aquí.

Observó al hombre por un momento.
No aparentaba ser nada del otro mundo, pero el mensaje que le había precedido... le había despertado la curiosidad.
Balanceó el contenido de la copa un instante.

- Está bien. Comienzas en media hora.
- ¿Media hora? Pero...
- ¿Algún problema?

Mauvais sonrió y agarró de la cintura a su compañera.

- ¿Tendremos un cuarto?


Giraba la espada corta con aburrimiento.
No era de estar sentada sin nada que hacer.
La mujer lanzó la espada al aire y la cazó por el mango cuando caía.

- Doble turno... solo me faltaba eso - Bostezó mientras repetía el lanzamiento y la recogida.

La punta de la espada se clavó el en suelo de madera.

- ¿Qué....? - Rita bajó la mirada.

De su pecho emergía una mano con largas uñas.
Lo penúltimo que vio antes de fallecer.
Lo último... fueron un montón de esquirla anaranjadas diseminadas por el suelo.
Y de los cielos surgiran rayos que iluminaran hasta la más oscura sombra... y los truenos acallaran los gritos de panico y dolor.
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--Talos--
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Re: La Madre.

Mensaje por --Talos-- »


El lugar la asfixiaba.
No por el olor a sangre.
No por el olor a orco.
Si no por ese olor que envolvía cada brizna de viento.

Se habían parapetado en un saliente y observaban.
Los orcos. Los aventureros.
Pero nada más.

Se encontraba inquieta.
Dejó de lado a su compañero en cuanto este se durmió.

Con pasos rápidos y fluidos recorrió las casi imposibles paredes escarpadas.
Alcanzó la cima con facilidad y desde allí observó la herida en la superficie.

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- ¿Dónde te has metido? - susurró...


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El golpe vino desde abajo.
El puño se hundió bajo las costillas, o tal vez a través de ellas, y el aire escapó de sus pulmones violentamente.
Cayó de rodillas al suelo llevando por reflejo las manos a la zona golpeada, tratando de llevar aire nuevamente a sus pulmones.
Boqueando como un pez fuera del agua.
El griterío era ensordecedor. ¿Cuánta gente estaba allí reunida?
Recordaba que muchos. Decenas.

Alzó la cabeza mirando a su oponente.

- Tú... estás... - mascullaba mientras el aire reaviva sus pulmones.

El griterío.

- ¡Mátalo! ¡Mátalo!

Su oponente alzó los brazos hacía el publico y le dio la espalda.

- Idiota - pensó mientras se levantaba nuevamente.

Una figura hablaba con una tiefling, finalmente miró a los contendientes y asintió.

Estaba de pie, justo tras él.
El muy fanfarrón.
Sonrió y alzó ambas manos juntándolas en lo alto, prestas a descargarlas sobre la cabeza de su oponente.
Descargó el brutal golpe con un grito que silenció a todos.
El arco del golpe siguió allí donde debería haber terminado, haciendo que la inercia del mismo le desequilibrara.

Lo vio por el rabillo del ojo, en el limite su visión periférica.
Con los brazos levantados, las manos juntas en lo alto... replicando su fallido golpe.

Pero su oponente no falló.

El griterío se alzó nuevamente mientras el oro cambiaba de manos.

- ¡Con esto os presento al nuevo campeón del Pozo! ¡Mauvais, EL inmortal!
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Hundió la pequeña mano en el gran roble consumido.
La pequeña fracción de bosque recobraba su color y la niebla se disipaba.
los animales se acercaban con algo de recelo a sus territorios.
los Ogros habían apartado las barricadas que cerraban el acceso a su hogar.

Un mensaje tan claro.
Otro tan simple.

La niña dejó brotar una lagrima que cayó sobre las cenizas.

- Esto no era lo que tenía que pasar, Abuelo.
Y de los cielos surgiran rayos que iluminaran hasta la más oscura sombra... y los truenos acallaran los gritos de panico y dolor.
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--Talos--
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Re: La Madre.

Mensaje por --Talos-- »


Mientras se afanaban en sus trabajos y reestablecer los caminos, Bifurcación era como un nido de hormigas de mercaderes, curiosos, aventureros y trabajadores.
Los gusanos habían emergido con una violenta sacudida de tierra, lanzándose a devorar todo y todos.
En un pequeño lapso entre que fueron abatidos y el siguiente mal, una voz de mujer resonó con fuerza por la zona.
Con un fuerte trueno la zona ya de por si asolada, fue sacudida por fuerzas elementales.

El Descanso de los Paramos dio asilo a los heridos y acogió los cuerpos mientras la clériga de Waukeen trataba de aliviar a unos y hacer regresar a otros.

Observó el vial sobre el escritorio.
Tan pequeño.
Tan prometedor.

Las nociones e indicaciones estaban claras.
Aunque seguía sin comprender muchas cosas que parecían interrumpir o perjudicar sus estudios.
Habría exhalado con resignación si todavía hubiese tenido pulmones.
Sus ojos, de aún existir, se habrían fijado en la negra pared.
La falange índice de su mano derecha comenzó a dar golpes suaves y rítmicos sobre la mesa.

- No, no puedo esperar. -Cogió el frasco y alzó la voz. - Id. Buscad. Encontrad.

- Tengo que tener todo dispuesto cuanto antes.

Bostezó mientras balanceaba el arco.
Últimamente muchos habían merodeado el lugar.
Luego se quejaban de cuando una de sus villas ardía. ¡Ja!

Unas piedras rodaron no muy lejos.
Aprestó el arco y preparó una flecha extraída del carcaj.
Se acercó despacio con el arco dispuesto mientras daba un par de gritos de alerta. A fin de cuentas, más valía prevenir...

Dio una patada a uno de los guijarros que habían rodado.
No había más movimiento, ni más ruido.

Hasta un buen explorador puede perder los nervios por un momento de tensión.
Negó para si mientras devolvía la flecha al carcaj.
El suave murmullo de la piedra rozar a su espalda le hizo girarse con premura.

Parecía como si la montaña hubiese cobrado vida.
Como si se desperezase.
Rocas, tierra, algo de vegetación...
y...
Dientes.
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Movía el carboncillo sobre la hoja apresuradamente.
Los trazos amplios, precisos y marcados con fuerza.
La joven salió de la cama acercándose y le dio un beso en la nuca. Luego observó lo que hacía.
- ¿Qué es eso?

Mauvais se echó hacía atras observando el intrincado dibujo.
Medidas, cálculos, ángulos, especificaciones de montaje... Un detallado sistema que mostraba la construcción de una gran forja.

- No... tengo ni idea. Me vino a la mente. - Dejó caer el carboncillo sobre la mesa.

la mujer cogió una hoja de las muchas que había diseminadas por la mesa.
- El otro día se me dio por dibujar esto.

Mauvais observó el dibujo y frunció el ceño.

- ¿Y eso qué es?
Ella negó con la cabeza.
- Solo recuerdo que era como una pesadilla. Sangre, gritos y ella matándome.

Mauvais observó a la mujer dibujada y se llevo la mano a la nuca, donde algunos pelos se le habían erizado.

- Suena a problemas - pensó.
Y de los cielos surgiran rayos que iluminaran hasta la más oscura sombra... y los truenos acallaran los gritos de panico y dolor.
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Daan
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Re: La Madre.

Mensaje por Daan »

A quién lo lea...

(En unos papeles sellados bajo la cama de Seda)

...Para mí, todo comenzó con aquella incursión fallida a la Sundabar ocupada. El orog Talonar tenía allí sus tropas, nos apresaron a varios. Ya nos habían obligado a portar un tatuaje mágico que controlaba nuestros movimientos, pero ahora nos marcaron con siete pinchazos . No fue Talonar, no fueron sus chamanes lo que lo hicieron, sino uno de sus aliados humanos.

Valen EnThur inyectó el líquido al miserable espía que me acompañaba, y después, tras un largo interrogatorio un una lúgubre sala de torturas, hizo lo mismo en mi tatuaje.

Supe después, gracias a Elminster, que aquel líquido era un ser vivo que se había diluido con mi propia alma. Que no podría extraerlo sin morir y que, por ahora, sólo podía esperar a la muerte de Talonar. También, que tras la magia superficial que usarían sus chamanes para intentar utilizarme, había algo más profundo y antiguo que no llegaba a discernir.

Ya se intuía, en aquellos momentos, que el orog estaba siendo manipulado y guiado por alguien capaz de enseñarle rituales antiguos de Ghónador de las Profundidades, rutas perdidas entre las fortalezas netherese y a dominar objetos —y personas— que iban mucho más allá de la magia común.

El tiempo lo confirmó. Talonar murió dejando una marca profunda en La Marca, aunque paradójicamente desaparecieran con él todos los tatuajes del Gran Clan, que eran cientos. Y al romperse aquel "sello", se encendieron cientos de luces para mí, que eran los cientos de seres que Valen EnThur había distribuido por La Marca, despertando a la vez.

¿Cómo lo sé? Porque el mío había despertado antes.

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El tatuaje del Gran Clan había sido para Talonar, durante todo aquel tiempo, una herramienta de comunicación con los espías de los orcos, y de control a través de los cientos de ojos que había conseguido, por la fuerza, en Sundabar. Sin embargo, para los que conocíamos la Urdimbre, aunque sea por voluntad bruta, podía convertirse en una mirilla con doble dirección. Como tal, la utilicé sin contemplaciones para rastrear a mi enemigo.

Cada intento tenía un coste elevado. Venas negras se fueron extendiendo por mi brazo. Venas que eran zarcillos oscuros de la criatura que se fortalecía cada vez que me salvaba de una muerte segura, padecía, o forzaba la Urdimbre para intentar adelantarme a Talonar, hasta el punto en que era capaz de controlar mis acciones si aquello le servía para sobrevivir.

Busqué formas de librarme de ella sin morir sin mucho éxito. Busqué a EnThur, ser al que odio como pocos, para que me la quitara. Pero se negó y ni siquiera Khorver fue capaz de forzarle a hacerlo. De aquel encuentro sólo quedaron cicatrices, humillación, y la certeza de que esa criatura zarcillosa, que en mi caso había crecido a una velocidad increíble, se iba a desarrollar en mi interior antes de salir, como sucedería con todas las demás víctimas. Aquello sonaba aterrador aunque ese "tipo" lo llamara maternidad.

Sin embargo, aquel ser interno me salvó, en cierto modo, la vida. Porque fui tan tonta de insultar a alguien más poderoso que yo, que me atrapó en el tiempo y el espacio en una roca rodeada por un mar de lava. Un año de prisión en algún lugar del Abismo o los Infiernos a causa de una testarudez desmedida (la mía), y que hubiera terminado en locura y muerte de no ser por una voz que sonó en mi cabeza.

"Bicho" despertó. Creció con el hambre, la sed y el calor, pero me mantuvo cuerda y viva. Y durante un año no tuvimos más remedio ambos que negociar los dos por la supervivencia. Las venas se extendieron por todo el cuerpo antes de retroceder, mientras comenzábamos a conocernos, nos enseñábamos lo que podíamos y llegábamos a una tregua reposada.

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Sobrevivir. Aquello era todo lo que Bicho quería. Yo me mantenía con vida, y el respetaría mi autonomía y voluntad. Incluso retrocedió hasta dejar sólo una extraña marca en mi piel.

Y por ello, el día que Talonar murió, Bicho me describió el despertar de los Acechadores como estrellas que se encendían... y comenzaban a crecer.



Los Acechadores, supe después, son una extraña raza con un depredador mítico. En la naturaleza, sólo uno de ellos se desarrollaba bajo la amenaza de su cazador Orgouth, el Devorador. Ahora mismo, había cientos de ellos, similares pero diferentes, modificados de forma desconocida por Valen EnThur y a saber quién más. Y aquello hizo despertar al Devorador.

La presencia descontrolada de acechadores y el regreso de Orgouth hizo que los druidas más poderosos de La Marca decidieran convocar a La Semilla, una nieta del Abuelo Árbol —un ser respetado hasta por el mismísimo Silvanus— para proteger lo que ellos llaman Equilibrio. Al mismo tiempo, Valen secuestró y torturó a la mismísima archidruida Vildiara, madre de La Semilla original, para dar nacimiento, de un Árbol seco y olvidado, a su caprichosa y salvaje hermana Enilkia.

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A su vez, la torre del archimago JorHal Dan reapareció en los caminos, iniciando sus propias investigaciones forzosas con los portadores de acechador, para bien o para mal. Las profundidades de la tierra han escupido, igualmente, a Orgouth, que nos va cazando poco a poco. Y entre los mismos portadores, aquellos que no controlan o se integran con su ente interior se dejan llevar por una bestia salvaje que les incita a matar al resto, volviéndose en el proceso más poderosos.

Cada vez somos menos, y reconozco que a estas alturas quiero que Bicho y yo sobrevivamos, y que siento una gran empatía por los demás en mi situación. Pero no puedo dejar de advertir al que quiera escucharme que en última instancia somos peones de Valen EnThur, un arcano poderoso y sin escrúpulos, que está esperando con esa Semilla Podrida a dar su siguiente paso.

La decisión está en luchar contra El Devorador salvando a las personas que albergan un acechador, o dejar que él nos mate y el Equilibrio (en el que sólo puede quedar uno) quede intacto.

Yo tengo mi posición clara. Protegeré a Bicho, aunque para ello tenga que pactar con extraños compañeros de viaje, pero no me juzguéis demasiado si esta vez no voy a dar la cara directa, porque ya he recibido demasiadas contusiones...

Buena suerte.


Seda colocó el papel secante dejando que empapara la tinta sobrante, y guardó el cálamo con parsimonia.

—¿Crees que me dejado algo importante por señalar, Bicho?

—Muchas cosas, Daan —respondió una voz en su mente.

—Supongo que Khorver, Korissa o Zalcor podrán ampliar lo que falte si no estoy yo.

—Puede que sí, Daan.

Suspiró y dejó la carta en un lugar escondido en su cuarto, pero no tanto como para que no pudiera encontrarse si la buscaban. Era hora de ponerse en marcha.

Sólo unas pocas acciones más.
Daan - Perista profesional y lianta ocasional en paradero desconocido
Seda - Brujipícara y juerguista en paradero conocido (cualquier taberna)
Troy - Metomentodo a sueldo de pelo verde
Nin - El ki al servicio de Selûne
Talhoffer - Tan sólo una espada
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