El Diente de León

Los trovadores de la región narran la historia de sus héroes. (Historias escritas por los jugadores)

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Zai
Tejón Convocado
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Registrado: Mar Jul 07, 2020 1:00 pm

El Diente de León

Mensaje por Zai »

//He añadido un par de guiños a la peli que me dio la idea del relato =) Peli que si no habéis visto, os recomiendo encarecidamente.



Una joven Leonora zarandeó vigorosa su arma, haciéndola bailar varias veces en el aire antes de ponerse en guardia, desafiante. Un sencillo golpe de su madre y mentora, la desarmó por completo.

- Recoge tu arma, vamos- La maestra se puso en guardia y la discípula la imitó. Tras ello, continuó -Despacio… Despacio… Ahora.

La joven lanzó una fiera estocada que su mentora detuvo sin dificultad.

- He dicho despacio. Otra vez.

El acero restalló un par de veces en el aire. Mientras ambas figuras empezaban a trazar un círculo.

- La esgrima es un arte, el mundo es un lienzo y tu espada el pincel. Ella revela de ti todo cuanto es necesario para vencerte. Si los trazos son demasiado fieros, demuestran la ira y la inquietud, denota pasión, arrogancia… Imprudencia. Si son demasiado suaves, muestran cobardía, timidez, inexperiencia…

De nuevo los aceros brindaron en el aire y empezaron a seguir un patrón, lento pero firme, como si tratasen de marcar el tempo de una canción.

- Cada golpe debe ser firme y severo, como la lección de una madre a su hija. No olvides que, por hermosa que sea la floritura, cada vez que desenvainas tu acero estás dispuesta a segar una vida y esto es algo que no debe hacerse a la ligera.

Al oír lo de segar una vida, la expresión de Leonora cambió, arqueando las cejas. Con un leve temblor en la voz, respondió -Mamá, yo… -No terminó la frase.
Un destello rápido como un relámpago cortó el viento con precisión y pronto, una fina línea de sangre se vio dibujada en el suelo. La joven cristalizó sus ojos, tratando de contener las lágrimas mientras su rival la observaba seria.

- Mientras estés aquí abajo, -Continuó la lección - mientras estemos dentro de este círculo sagrado Leo, yo no soy tu madre. Soy Sea Harlan, tu oponente y en mí no debes buscar la piedad.

-¡Arrgg! -Alzó la voz la joven, cargada de frustración y con renovadas fuerzas se abalanzó sobre su madre. Sea se limitó a desarmarla con un movimiento elegante y a derribarla con un sencillo empujón. Leonora, empezó a llorar conforme tocó el suelo. Sea trató de mantener el tipo, pero vencida por sus instintos maternos terminó cediendo. Clavó la espada en el suelo y se acercó a su hija, acariciándole el rostro y dándole un beso en la frente.

-Mi preciosa y valiente hija, en los montes de Celestia llamada Leonora… ¿Qué haría yo sin ti?
-Mamá, yo… No sé si estoy preparada -admitió, en voz baja.
- Claro que lo estás, cielo. Espero que entiendas la dureza con la que te trato, pues el mundo no tiene piedad ni da segundas oportunidades, lo que no significa que nosotras no tengamos que darlas, ¿de acuerdo? El honor y la bondad debe guiar cada acto que hagas. No puedes permitir que la ley o la mala sangre te derrote. ¿Me lo prometes?
Sea le acercó el meñique y la miró a los ojos. Leonora entrelazó los meñiques y asintió.
-Te lo prometo.

-Bien, ¿tienes alguna duda? -Murmuró la madre.
- Dices que la espada demuestra lo que necesitan para vencernos… ¿Por qué la tuya no demuestra eso, mamá?

Una carcajada jovial resonó por la estancia.
-Porque yo hice un pacto con ella- le confesó, confidente. - Ella es como una amante que me protege, yo la respeto y la trato con todo mi cariño, le dedico tiempo, le hago regalos, la cuido… Es como bailar. La maestría entre dos bailarines nace de la confianza que hay entre el uno y el otro, yo confío plenamente en mi espada y ella en mí. Y mientras bailemos juntas, nada podrá vencerlos. No importa lo grande que sea el rival o lo grande que sea su arma, no importa lo fuerte que sea su magia… Al final, todos terminan a merced de mi compasión o de mi acero.


-De mi compasión, o de mi acero… De mi compasi…- La voz de Jédrick le cortó el hilo de pensamiento, recuperándola de donde sea que se hubiese ido.
-¿Te pongo otra o no? Llevas casi una hora murmurando eso. ¿Te encuentras bien? -Dijo el hombre, sonriente mientras le acercaba un Negro Amargo.

-Sí, sí, estoy bien. -Leonora cogió la bebida y empezó a caminar hacia las habitaciones. -Me la terminaré arriba. Gracias buen hombre.

-Gracias a ti por gastar aquí tu oro y no en otro lado con menos clase -se despidió con un movimiento bonachón mientras seguía limpiando la barra.


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