Jade

Los trovadores de la región narran la historia de sus héroes. (Historias escritas por los jugadores)

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Arick
Tejón Convocado
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Registrado: Jue Mar 10, 2022 8:49 pm

Jade

Mensaje por Arick »

La vida, para algunos, es llanamente fácil, pero para Jade, desde el momento de su nacimiento, fue simplemente supervivencia.
Tras haber sido concebida por un acto de crueldad hacia una noble elfa, la niña mestiza fue encerrada en un calabazo, sin más experiencias sobre la existencia, que las que podían otorgarle las ratas que escuchaba corretear por su prisión.

Un día, engullendo su habitual mendrugo de pan, pisó a uno de los roedores. Apenas veía nada, la claridad que entraba por el pequeño agujero del muro, se había apagado hacía mucho. La alimaña se revolvió y le mordió con saña. El alarido de dolor de la niña, retumbó por toda la torre. Escuchó unos pasos que se acercaba con el tintineo de la coraza, recordó el látigo que portaba el soldado, y el miedo la embargó. Al abrirse la puerta, la luz de la antorcha la cegó, y todo de golpe se volvió de nuevo oscuro. Oyó en la lejanía como su carcelero le gritaba que se acercara, pero ella estaba ahí, delante de él. Abrió los ojos como platos, al ver que daba un paso hacia ella y se quedaba plantado con las piernas abiertas, mirando a los lados como si no la viera. Pero ella no iba a perder la ocasión, agachándose, pasó ágilmente entre las piernas del guardia, y corrió hasta que escuchó la voz de alarma. Más ruidos, puertas que chirriaban, los elfos que la custodiaban, se cruzaban ante ella pero no la veían. La puerta que frenaba su escapada se abrió y una pequeña tropa de 3 guardias salieron apresurados, mientras uno gritaba: ¡Encontradla!

El sendero entre la maleza fue arduo, pero cuando pensó que ya se había alejado lo suficiente, se detuvo a descansar. Las piernas le fallaban, tenía frio, hambre, y su cuerpo mostraba diferentes grados de arañazos y heridas…Las circunstancias no habían mejorado mucho. Después de dos días sin descanso, intentando evitar todo clase de peligros, se dejó caer entre unos matorrales. Se despertó asustada al notar una patada, pensando que la habían atrapado. Los ojos se le llenaron de lágrimas al intentar fijar la vista en su captor. La neblina oscura que la había envuelto durante la huida, ya no estaba. Parpadeó varias veces, ante un rostro de rasgos duros y afilados. Se parecía a sus captores, pero a la vez era diferente. Su piel era oscura, sus cabellos blancos y una sonrisa cínica destacaba en su rostro.

- Vaya, vaya, que tenemos aquí, un animalejo…- dijo el drow mientras la estiraba del viejo jubón para ponerla en pie.
- Tu nombre – exigió en élfico al fijarse en sus orejas puntiagudas.
La pequeña emitió un gruñido y enseñó los dientes, intentando imitar su prepotente sonrisa.
El drow la tomó por el cuello y mirándola a los ojos verdes, casi escupió un nombre- Jade.

Si había pensado que la suerte le sonreiría, estaba muy equivocada. Seguía sintiendo el frío, pero al menos sus heridas fueron lavadas, y ese extraño elfo, aunque la utilizada como carnaza, para atraer lobos y otras bestias; le dejaba las sobras, y podía combatir el hambre. Le hablaba a uno de sus compañeros, un hurón. Pero aunque ella no conocía más que cuatro palabras en élfico, iba adquiriendo vocablos de la lengua drow. Y tras mucho tiempo, empezó a entender lo que le decía a su mascota. A veces, le dirigía la palabra a ella. La obligaba a arrastrarse por los bosques, escalar a los árboles, a veces estaban varios días sin ingerir nada, no la dejaba comer hojas ni setas….los empujones, los capones y alguna patada cuando lo intentaba, siempre se los llevaba. No sabía que odiaba más si a ese drow, o vivir encerrada. Obviamente prefería lo primero, pero cuando el cansancio había ganado la batalla, lo más fácil era maldecir al que tenía delante.

Tras varios inviernos juntos…Una noche, cerca de la boca de una cueva, cayó presa del agotamiento, la cuerda que llevaba atada a la muñeca se tensó. El drow la instaba a continuar. Se le notaba nervioso, había estado rastreando y cada tanto, volvía la vista atrás. Para entonces Jade ya había madurado, era más avispada y se daba cuenta de cuando caminaban en círculos, o recorrían un tramo por caminos diferentes. No quería detenerse, pero ella no podía más. Mirando a los lados, le pasó una cantimplora con agua, y antes de poder cogerla, unas figuras surgieron de entre los árboles.

- Escóndete, fúndete en las sombras, como aquella vez… que no te vean- y dicho esto dejó caer su capa sobre ella antes de girarse hacia sus perseguidores.

El cabecilla dio un paso adelante.

- Os espera un duro castigo, ya sabéis lo que le pasa a los desertores, seréis una grata ofrenda para la Reina Araña.- Soltó entonces una tétrica carcajada y golpeó al que hasta entonces había sido su guardián. Al que hasta entonces, había maldecido cada noche antes de dormir por las constantes exigencias. Al que ahora, se daba cuenta, había sido el único ser que se había preocupado por ella, que la había ocultado y que le había enseñado todo lo que sabía.

Cerró fuerte los ojos, intentando hacer lo que le decía, pero algo en su interior la empujó a levantarse y empezar a lanzar piedras. Pero en menos que canta un gallo, la agitaron como a un saco de patatas. Jade se revolvió y le pegó un mordisco en el antebrazo a su captor. La soltó con fuerza estrellándola contra el tronco de un árbol. Tras el golpe, elevó ligeramente el rostro, y contempló como su ataque no había obtenido ningún resultado. Su guardián, seguía rodeado, aunque aún tenía espacio para movimientos ¿Por qué no intenta escapar?, se dijo a sí misma. Entonces, sus miradas se cruzaron y vio algo que jamás había visto en él, compasión.

- Sabéis que puedo acabar con tres de vosotros antes de que me capturéis, no soy estúpido. Podemos regresar sin problemas los 6, o podemos hacerlo solo tres heridos.

El cabecilla de perseguidores le instó a hablar, entonces su compañero, acabó con sus esperanzas de huida para siempre.
- Dejad a la comadreja, y volvemos sin incidentes- Entonces volvió a mirarla y dijo en élfico- Vive.

Desde ese momento, subsistió sola en los bosques, adquiriendo conocimientos de la naturaleza que la había acogido, que le otorgaba todo lo que necesitaba. Hasta que un día, se cruzó con una anciana, ella misma se llamaba Alexandra la Abrazaárboles, y le mostró la dicha de seguir a la Exploradora Suprema. La instruyó en cazar con arco, la animó para que siguiera practicando y mejorara sus habilidades… E intentó enseñarle el camino correcto, al descubrir que era capaz de fundirse en la sombras, pero que en su interior albergaba un gran corazón puro.

Jade, por primera vez sintió la necesidad de encontrar su sitio, de conocer las respuestas a las preguntas que Alexandra había despertado en su interior. (Porqué puedo caminar como si no estuviera aquí, porqué siento que cuando entro en ese lugar, algo me vigila, y cuando quiero regresar, unas manos invisibles tiran de mí, como una necesidad imperiosa de quedarme siempre allí dentro. Porqué me noto acogida por seres sin rostro, y a la vez tengo miedo de no poder regresar…)
Y con esta idea partió sin demora hacia lo que siempre temió, lo que ellos llamaban civilización.
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