Crónicas del Bosque Frío
Publicado: Mar Ago 17, 2010 7:21 am
Bueno, aquí dejo para quien guste leer un rato la aventurilla que tuvimos por el bosque frío con algunos pjs y guiados por Mystra...
Espero que el resto deje su cuota xD
Crónicas del Bosque Frío
Cuando el rumor de que se había visto un dragón negro sobre las nevadas tierras del Bosque Frío llegó a la pequeña villa conocida como Nevesmortas, alguien enfrentaba a tan temido oponente, mas aquel grupo de aventureros que se amontonaba junto a la fuente movilizados por la noticia aún no sabían nada de ello. Y así se apresuraban a armar todos los preparativos para ver a aquella bestia rugir y por supuesto, hacer temblar la nieve que cubriría sus pies.
Caía el sol cuando me acerqué a la fuente y me encontré con un grupo conformado por Tuii, Eves, Merlinus, mi hermana Ilfirin, Hedia Xilo, Tuagrekk y Tuor Sirfalas. Todos conversaban de lo mismo, y como amante de los dragones que siempre fui me uní a su conversación y sus planes de visitar a la criatura.
Pronto nos dirigimos hacia la puerta norte, donde comienzan todas las aventuras, al menos así creo recordarlo. Allí Ilfirin lanzó su teleportación anclada en la entrada norte de Sundabar, y desde ese punto habría que bordear el Rauvin, atravesar el desfiladero del Arco Iris, el paso del orco muerto, luego encontrar el camino por las laderas de las montañas hasta llegar al pantano de Hoscaluz, finalmente adentrarse en las hostiles tierras del Bosque Frío y allí seguir los rastros del dragón.
El viaje comenzó con Eves tratando de hacerse cargo de la conducción y liderazgo del grupo, Tuii mientras tanto lo apañaba con sus bromas convertido en un dragón. Así atravesamos el Paso del Arco Iris, sin demasiadas dificultades, solo algunos osos tuvieron la desgracia de toparse con el filo de las espadas de Tuor y Taugrekk. El resto caminábamos tranquilos, silenciosos, oyendo el rumor del río que tal vez nos traería alguna noticia, o al menos un rato de paz.
La dispersión del grupo cada vez preocupaba más al hechicero Eves, todos avanzaban siguiendo solo a su propia sombra, nadie obedecía órdenes, y por sobre todas las cosas, nadie parecía compartir un objetivo.
Como era de esperarse las primeras dificultades aparecieron junto a los primeros orcos del camino, los arqueros que custodian el puente que lleva del Desfiladero del Arco Iris al paso de Orco Muerto. Sin embargo ni ese grupo ni otros dos grupos de orcos que aparecieron más adelante fueron suficientemente fuertes como para frenar la furia del semiorco Taugrekk y del elfo Sirfalas, que con su espada alejaba a los enemigos para que no se nos acercaran a mi hermana y a mi, sus protegidas a pedido de nuestro padre, pero esa es otra historia de la que no nos ocuparemos en estos momentos. Sin embargo, la primera auténtica complicación apareció con un grupo de orcos comandados por un chamán. El frío comenzaba a calar profundo ya tan próximos a las montañas Rauvin y el grupo permanecía disperso. Nadie conversaba, el silencio se había adueñado del paso montañoso hasta que se oyó con total claridad la voz de un orco conjurando una tromba de meteoritos. Hedia y Taugrekk cayeron inconcientes, Ilfirin corrió instantáneamente para colocarse junto al chamán y no resultar herida, y yo, casi inconsciente y muy herida rodé por unas escaleras de piedra construidas por los habitantes de esas tierras, mientras tanto Eves seguía gritando que si no lo obedecían moriría alguien. Tuii se rezagaba intentando cruzar el paso aún convertido en dragón. Merlinus traía vida a las caras casi mortuorias de Hedia y Taugrekk, los Dioses se apiadaban, el Dragón seguía luchando con una mujer, pero los viajeros seguían sin saberlo.
Luego de los primeros graves incidentes Hedia decidió volver a la villa, su cuerpo quebradizo y débil no estaba preparado aún para semejante viaje. El resto del grupo comenzaba a entrar en tensión. Yo mientras tanto trataba de explicarle a Eves que con mi hermana solo obedeceríamos ordenes de nuestra maestra Zerina, el replicaba con el mismo argumento, si no lo obedecíamos alguien terminaría muerto.
La nieve hacía que el paso resultara pesado, el frío cada vez helaba más los huesos, Tuii comenzaba a sentir que su broma perdía sentido y volvía a su forma de gnomo y por supuesto, comía chocolate. Pero seguíamos caminando a pesar de todo, y ante nosotros se extendía el camino que alguien alguna vez había trazado entre las laderas de las montañas Rauvin, aquel camino que conducía al Valle Frío, a la entrada del Bosque.
Al llegar al Bosque todos nos miramos inquietos. Por primera vez frenamos la marcha y buscamos una conducción conjunta. Los magos y hechiceros nos preparamos con todas nuestras defensas arcanas y todos agudizamos los sentidos para encontrar algún rastro de ese dragón, y por supuesto para que ningún felino hambriento en medio de ese bosque nos atacara de sorpresa.
Avanzamos en dirección norte cruzándonos con varios grupos de felinos y con un pequeño grupo de bárbaros que custodiaban las inmediaciones de su fortaleza, pero Tuii ya no estaba para bromas y alzó a los cielos un lamento de Banshee que acabó con la amenaza en cuestión de segundos. Sin encontrar rastros aún de la bestia decidimos avanzar hacia el oeste, hacia donde se encontraba la fortaleza de esos bárbaros comandados por su temido jefe. Como para no perder la costumbre, antes de llegar allí tuvimos otro feliz encuentro, pero esta vez con gigantes de la escarcha, sin embargo otro lamento de Banshee se alzo hacia el cielo y lo poco que quedaba por hacer fue tarea fácil.
Al llegar a la entrada de la fortaleza bárbara todos debatíamos que hacer, algunos querían ir hacia el sur a explorar, otros decían preferir quedarse allí y esperar alguna señal, yo proponía ir a hablar con los bárbaros a ver si habían oído algo, tal vez haya pecado de ingenua. La cuestión es que en medio del debate la tierra tembló, el cielo rugió y los animales de bosque aullaron, Ilfirin cayó, la recogimos y corrimos hacia el sur, sin pistas, sin rastros, solo guiados por la curiosidad y nuestro instinto aventurero.
Finalmente alcanzamos las mesetas nevadas del bosque junto a un pequeño grupo más de bárbaros que custodiaban la zona, al acabar con ellos Tuor y Eves subieron a la base del puesto de vigilia de los bárbaros para ver si desde allí se divisaba algo entre las mesetas, por fin el resultado fue exitoso y pudimos ver muy cerca nuestro rastros de lo que parecía una batalla. Solo teníamos que bordear una meseta y allí estaríamos. El frío, el cansancio, la sed y el hambre se apoderaban de nosotros, las caras nos delataban. El malhumor y la hostilidad se acrecentaban, pero corrimos hacia allí sin chistar, casi llevándonos por delante unos a otros.
Al llegar jadeantes encontramos algo que no esperábamos, un dragón negro tumbado en la nieve, sin signos de vida, y a su lado a una mujer con la armadura y la carne corroída por el acido que había desprendido el dragón. Sus huesos congelándose expuestos a la intemperie daban la impresión de que esa mujer no podría ser resucitada, aún así algunos nos acercamos, la revisamos y Merlinus conjuró para traerla de nuevo con nosotros, pero pregunto, quién puede contra la voluntad de los Dioses? Esa mujer yacía muerta y su carne continuaría descomponiéndose con el correr de los años sin que nadie pueda interponerse. Junto a ella clavada como clamando victoria se encontraba su katana. Por más curiosidad que me causara todo eso yo no pude con mi genio y corrí a revisar el cuerpo del dragón, Ilfirin junto a Tuor y Taugrekk examinaban la katana, Eves reclamaba solidaridad para darle un descanso merecido a esa mujer sin demasiado éxito, Tuii exploraba la zona, Merlinus solo observaba distante la escena.
Nadie parecía oír la opinión del que tenía al lado, todos susurraban frases relacionadas con sus propios intereses. Ilfirin codiciosa fue en busca de la katana recibiendo una descarga eléctrica casi mortal, yo sin poder contener mi curiosidad por lo que escondía aquella tremenda bestia comencé a tocar sus alas quemándome con su ácido. Eves mientras tanto seguía quejándose de sus acompañantes mientras arrastraba el cuerpo inerte por la nieve del bosque hasta llevarla a una fosa y regalarle a ese cuerpo algo que jamás hubiese esperado tener al adentrarse sola allí, el descanso digno de los héroes.
Luego de eso todos nos concentramos en aquella arma, después de que Ilfirin recibiera la descarga le tocó el turno a Tuor de probar suerte para sacarla de allí. Éste cerró los ojos, dio un paso adelante apretando su puño con fuerza y se abalanzó sobre la katana sufriendo al instante más graves consecuencias que la elfa, sus órganos quemados hacían que se revolcara en la nieve dando gritos de dolor. Observando la escena propuse que lanzáramos una disipación por si el arma estaba imbuida de magia, pero tampoco resulto, el próximo turno fue de Merlinus, quien tomo del mango la katana y automáticamente cayo al suelo inconsciente. Ya eran tres los incidentes, Tuor que había recibido atención inmediata pero que necesitaría ver con urgencia a un clérigo, Ilfirin que había corrido un poco de mejor suerte recibiendo solo quemaduras en la piel y Merlinus que no respondía ante ningún estímulo.
Aquí la aventura llega a su fin, Eves furioso y refunfuñando contra todos tomo el cuerpo de Merlinus y lanzó una teleportación que nos llevó a todos de vuelta a Nevesmortas dejando atrás ese escenario de nieve derretida en ácido. Al regresar Ashnar se encargó de curar a Merlinus, pero nadie se encargó de sacarnos las dudas sobre lo que habíamos visto… quién era esa mujer que sola había derrotado a un dragón negro? Que extraño poder ocultaba su katana? Y que hacía un dragón negro sobrevolando el bosque frío? Aún ninguno de nosotros lo sabe, pero sería extraño que nos quedemos de brazos cruzados sin averiguarlo.
Espero que el resto deje su cuota xD
Crónicas del Bosque Frío
Cuando el rumor de que se había visto un dragón negro sobre las nevadas tierras del Bosque Frío llegó a la pequeña villa conocida como Nevesmortas, alguien enfrentaba a tan temido oponente, mas aquel grupo de aventureros que se amontonaba junto a la fuente movilizados por la noticia aún no sabían nada de ello. Y así se apresuraban a armar todos los preparativos para ver a aquella bestia rugir y por supuesto, hacer temblar la nieve que cubriría sus pies.
Caía el sol cuando me acerqué a la fuente y me encontré con un grupo conformado por Tuii, Eves, Merlinus, mi hermana Ilfirin, Hedia Xilo, Tuagrekk y Tuor Sirfalas. Todos conversaban de lo mismo, y como amante de los dragones que siempre fui me uní a su conversación y sus planes de visitar a la criatura.
Pronto nos dirigimos hacia la puerta norte, donde comienzan todas las aventuras, al menos así creo recordarlo. Allí Ilfirin lanzó su teleportación anclada en la entrada norte de Sundabar, y desde ese punto habría que bordear el Rauvin, atravesar el desfiladero del Arco Iris, el paso del orco muerto, luego encontrar el camino por las laderas de las montañas hasta llegar al pantano de Hoscaluz, finalmente adentrarse en las hostiles tierras del Bosque Frío y allí seguir los rastros del dragón.
El viaje comenzó con Eves tratando de hacerse cargo de la conducción y liderazgo del grupo, Tuii mientras tanto lo apañaba con sus bromas convertido en un dragón. Así atravesamos el Paso del Arco Iris, sin demasiadas dificultades, solo algunos osos tuvieron la desgracia de toparse con el filo de las espadas de Tuor y Taugrekk. El resto caminábamos tranquilos, silenciosos, oyendo el rumor del río que tal vez nos traería alguna noticia, o al menos un rato de paz.
La dispersión del grupo cada vez preocupaba más al hechicero Eves, todos avanzaban siguiendo solo a su propia sombra, nadie obedecía órdenes, y por sobre todas las cosas, nadie parecía compartir un objetivo.
Como era de esperarse las primeras dificultades aparecieron junto a los primeros orcos del camino, los arqueros que custodian el puente que lleva del Desfiladero del Arco Iris al paso de Orco Muerto. Sin embargo ni ese grupo ni otros dos grupos de orcos que aparecieron más adelante fueron suficientemente fuertes como para frenar la furia del semiorco Taugrekk y del elfo Sirfalas, que con su espada alejaba a los enemigos para que no se nos acercaran a mi hermana y a mi, sus protegidas a pedido de nuestro padre, pero esa es otra historia de la que no nos ocuparemos en estos momentos. Sin embargo, la primera auténtica complicación apareció con un grupo de orcos comandados por un chamán. El frío comenzaba a calar profundo ya tan próximos a las montañas Rauvin y el grupo permanecía disperso. Nadie conversaba, el silencio se había adueñado del paso montañoso hasta que se oyó con total claridad la voz de un orco conjurando una tromba de meteoritos. Hedia y Taugrekk cayeron inconcientes, Ilfirin corrió instantáneamente para colocarse junto al chamán y no resultar herida, y yo, casi inconsciente y muy herida rodé por unas escaleras de piedra construidas por los habitantes de esas tierras, mientras tanto Eves seguía gritando que si no lo obedecían moriría alguien. Tuii se rezagaba intentando cruzar el paso aún convertido en dragón. Merlinus traía vida a las caras casi mortuorias de Hedia y Taugrekk, los Dioses se apiadaban, el Dragón seguía luchando con una mujer, pero los viajeros seguían sin saberlo.
Luego de los primeros graves incidentes Hedia decidió volver a la villa, su cuerpo quebradizo y débil no estaba preparado aún para semejante viaje. El resto del grupo comenzaba a entrar en tensión. Yo mientras tanto trataba de explicarle a Eves que con mi hermana solo obedeceríamos ordenes de nuestra maestra Zerina, el replicaba con el mismo argumento, si no lo obedecíamos alguien terminaría muerto.
La nieve hacía que el paso resultara pesado, el frío cada vez helaba más los huesos, Tuii comenzaba a sentir que su broma perdía sentido y volvía a su forma de gnomo y por supuesto, comía chocolate. Pero seguíamos caminando a pesar de todo, y ante nosotros se extendía el camino que alguien alguna vez había trazado entre las laderas de las montañas Rauvin, aquel camino que conducía al Valle Frío, a la entrada del Bosque.
Al llegar al Bosque todos nos miramos inquietos. Por primera vez frenamos la marcha y buscamos una conducción conjunta. Los magos y hechiceros nos preparamos con todas nuestras defensas arcanas y todos agudizamos los sentidos para encontrar algún rastro de ese dragón, y por supuesto para que ningún felino hambriento en medio de ese bosque nos atacara de sorpresa.
Avanzamos en dirección norte cruzándonos con varios grupos de felinos y con un pequeño grupo de bárbaros que custodiaban las inmediaciones de su fortaleza, pero Tuii ya no estaba para bromas y alzó a los cielos un lamento de Banshee que acabó con la amenaza en cuestión de segundos. Sin encontrar rastros aún de la bestia decidimos avanzar hacia el oeste, hacia donde se encontraba la fortaleza de esos bárbaros comandados por su temido jefe. Como para no perder la costumbre, antes de llegar allí tuvimos otro feliz encuentro, pero esta vez con gigantes de la escarcha, sin embargo otro lamento de Banshee se alzo hacia el cielo y lo poco que quedaba por hacer fue tarea fácil.
Al llegar a la entrada de la fortaleza bárbara todos debatíamos que hacer, algunos querían ir hacia el sur a explorar, otros decían preferir quedarse allí y esperar alguna señal, yo proponía ir a hablar con los bárbaros a ver si habían oído algo, tal vez haya pecado de ingenua. La cuestión es que en medio del debate la tierra tembló, el cielo rugió y los animales de bosque aullaron, Ilfirin cayó, la recogimos y corrimos hacia el sur, sin pistas, sin rastros, solo guiados por la curiosidad y nuestro instinto aventurero.
Finalmente alcanzamos las mesetas nevadas del bosque junto a un pequeño grupo más de bárbaros que custodiaban la zona, al acabar con ellos Tuor y Eves subieron a la base del puesto de vigilia de los bárbaros para ver si desde allí se divisaba algo entre las mesetas, por fin el resultado fue exitoso y pudimos ver muy cerca nuestro rastros de lo que parecía una batalla. Solo teníamos que bordear una meseta y allí estaríamos. El frío, el cansancio, la sed y el hambre se apoderaban de nosotros, las caras nos delataban. El malhumor y la hostilidad se acrecentaban, pero corrimos hacia allí sin chistar, casi llevándonos por delante unos a otros.
Al llegar jadeantes encontramos algo que no esperábamos, un dragón negro tumbado en la nieve, sin signos de vida, y a su lado a una mujer con la armadura y la carne corroída por el acido que había desprendido el dragón. Sus huesos congelándose expuestos a la intemperie daban la impresión de que esa mujer no podría ser resucitada, aún así algunos nos acercamos, la revisamos y Merlinus conjuró para traerla de nuevo con nosotros, pero pregunto, quién puede contra la voluntad de los Dioses? Esa mujer yacía muerta y su carne continuaría descomponiéndose con el correr de los años sin que nadie pueda interponerse. Junto a ella clavada como clamando victoria se encontraba su katana. Por más curiosidad que me causara todo eso yo no pude con mi genio y corrí a revisar el cuerpo del dragón, Ilfirin junto a Tuor y Taugrekk examinaban la katana, Eves reclamaba solidaridad para darle un descanso merecido a esa mujer sin demasiado éxito, Tuii exploraba la zona, Merlinus solo observaba distante la escena.
Nadie parecía oír la opinión del que tenía al lado, todos susurraban frases relacionadas con sus propios intereses. Ilfirin codiciosa fue en busca de la katana recibiendo una descarga eléctrica casi mortal, yo sin poder contener mi curiosidad por lo que escondía aquella tremenda bestia comencé a tocar sus alas quemándome con su ácido. Eves mientras tanto seguía quejándose de sus acompañantes mientras arrastraba el cuerpo inerte por la nieve del bosque hasta llevarla a una fosa y regalarle a ese cuerpo algo que jamás hubiese esperado tener al adentrarse sola allí, el descanso digno de los héroes.
Luego de eso todos nos concentramos en aquella arma, después de que Ilfirin recibiera la descarga le tocó el turno a Tuor de probar suerte para sacarla de allí. Éste cerró los ojos, dio un paso adelante apretando su puño con fuerza y se abalanzó sobre la katana sufriendo al instante más graves consecuencias que la elfa, sus órganos quemados hacían que se revolcara en la nieve dando gritos de dolor. Observando la escena propuse que lanzáramos una disipación por si el arma estaba imbuida de magia, pero tampoco resulto, el próximo turno fue de Merlinus, quien tomo del mango la katana y automáticamente cayo al suelo inconsciente. Ya eran tres los incidentes, Tuor que había recibido atención inmediata pero que necesitaría ver con urgencia a un clérigo, Ilfirin que había corrido un poco de mejor suerte recibiendo solo quemaduras en la piel y Merlinus que no respondía ante ningún estímulo.
Aquí la aventura llega a su fin, Eves furioso y refunfuñando contra todos tomo el cuerpo de Merlinus y lanzó una teleportación que nos llevó a todos de vuelta a Nevesmortas dejando atrás ese escenario de nieve derretida en ácido. Al regresar Ashnar se encargó de curar a Merlinus, pero nadie se encargó de sacarnos las dudas sobre lo que habíamos visto… quién era esa mujer que sola había derrotado a un dragón negro? Que extraño poder ocultaba su katana? Y que hacía un dragón negro sobrevolando el bosque frío? Aún ninguno de nosotros lo sabe, pero sería extraño que nos quedemos de brazos cruzados sin averiguarlo.